12 diciembre 2008

Cena del CS Gran Capitán









30 noviembre 2008

Al doctor Bullejos, ex-compañero de trabajo


Acaba de trasladarse desde el Centro de Salud de la Chana un gran amigo. ¡Qué vida esta, siempre de feria en feria...!
Antonio y yo solíamos desplazarnos en moto al trabajo; y ambos este mismo año solicitamos el cambio, y ahora estamos más cerca de nuestros hogares, con gran dolor de corazón, pero más ventajas para nuestras maduras vértebras.
Pongo alguna imagen del almuerzo de despedida, y un romancillo
en su honor.
El compañero Bullejos
se ha trasladado a Velutti
donde no le queda lejos
andando o haciendo footing.

Desde los cerros de Úbeda
este galeno dabutin
se hizo famoso en La Chana
por ser muy sabio y muy útil.

La Chana imprime carácter
y tu sapiencia es muy dúctil.
¡Hizo muy bien don Lorenzo:
un fichaje nada fútil!

Lloran por ti los abuelos,
las mamás, la gente chuly,
estudiantes y parados,
los inmigrantes, las putis…
porque se fue don Antonio
junto a Gran Vía, a Velutti.

Te vas con todo el honor,
no haces por el foro mutis.
Antonio Bullejos López:
tú nunca has sido un mindundi.
Ya puedes dejar tu Piaggio
-que no era una Malaguti-
para marchar caminando
respirando aire inconsútil.
Todos te echarán de menos:
Duarte, Ramos, Mari, Puri,
Lorenzo, Chema, Miguel,
Baena, Lola y “Revelluti”,
residentes, secretarias…
todo el personal tan útil
incluyendo a tu vecino
el médico “Florituti”.
Me faltan las enfermeras,
…ah, y los pediatras, ¡non futis!

Desde el centro de Granada
yo te doy la Benvenuti.
Te invito en Gran Capitán
a un desayuno a “plen tuti”
donde curra tu señora
rehabilitando al inútil.

Acuérdate de la Chana.
al desplazarte a Velutti.
Si llueve, ve con paraguas
para no mojarte el cutis;
si es verano, saboreando
un helao de tutifruti.


PD: Solicito al respetable que en lo sucesivo se mudase, lo haga a Centros de Trabajo con rima castellana, de más fácil componenda. Gracias.(El esento trovador)

26 noviembre 2008

Adiós, Prof. D. José Matáix Verdú

Ha fallecido en Granada D. José Matáix Verdú, un sabio, un maestro, un amigo.
El Dr. Matáix Verdú ha sido Catedrático de Fisiología de la Universidad de Granada y miembro de numerosas sociedades científicas de dentro y fuera de nuestro país. Uno de los mejores especialistas españoles en nutrición y alimentación, como lo prueban sus numerosas publicaciones y trabajos científicos. También ha desarrollo una gran labor docente y divulgativa, no solo en la universidad sino en numerosos medios de comunicación.
Tuve el honor de conocerlo a finales de los años ochenta, con motivo de mi tesis doctoral “Impacto nutricional de la cirugía sobre el paciente pediátrico”. Recuerdo que me dijo, con su gracejo natural:
"Muchacho, eso del impacto se va a poner de moda...

Han pasado 18 años, y el término impacto, en efecto, fue en aumento, lo mismo que el prestigio y el círculo de admiradores de nuestro querido científico, recientemente desaparecido tras una larga enfermedad.
En la imagen, una instantánea del día 11 de Diciembre de 1990, en el aula de la Real Academia de Medicina de Granada. De izquierda a derecha, Dr. Carlos Jiménez Álvarez, cirujano pediátrico y tutor de la tesis; Víctor Bolívar Galiano, doctorando y MIR de Pediatría de 4º año; Prof. D. José Matáix Verdú, catedrático experto en nutrición y presidente del tribunal; Prof. D. Juan Antonio Molina Font, catedrático de Pediatría de Granada y director de la tesis; Prof. D. Eduardo Narbona (con bata, neonatólogo) y Prof. D. Antonio Muñoz Hoyos, secretario del tribunal. Desde entonces, todos entrañables compañeros y/o amigos.
Recuerdo una amena conversación durante el almuerzo (Horno de Santiago) consiguiente a la defensa de mi tesis. Una celebración en la que pudimos conocer a un gran científico, un admirable padre de familia y una excelente persona. Entre plato y plato, elogiando la cocina mediterránea, estuvimos debatiendo acerca del término mediante el cual se debería llamar al que se dedica o es "experto en nutrición": que si nutricionista, que si nutriólogo… Pepe, el presidente, terció y dijo que él lo había consultado con un lingüista y le había aconsejado acuñar el término:"Nutricionero”; el cual no nos gustó, porque sonaba a traicionero. Nos reíamos con sus bromas. Por fortuna, este vocablo no llegó a imponerse, no así el de “Impacto” que sonaba más novedoso que el clásico de “Repercusión”. Y, mira por dónde, en aquellos años comenzó a extenderse el dichoso "Impacto".
Descansa en paz, querido profesor Matáix. Tu recuerdo será aún más perdurable que una mancha de aceite de oliva sobre la estatua de buena piedra que, sin duda, te mereces.

18 noviembre 2008

Batirse en duelo por una dama

Mi abuela Elisa nos contaba que su tío abuelo Rodrigo lucía barbas para ocultar una cicatriz, tras batirse en duelo por el honor de una mujer.
De hecho, mi hermano Pepe cuenta en uno de sus libros que este honorable militar, Rodrigo Suárez de Urbina, fue uno de los diecinueve hermanos de mi tatarabuelo, José Ignacio Suárez de Urbina y Cañaveral, fundador de la Biblioteca Patria de Buenas Lecturas. Vivieron a caballo entre los siglos XIX y XX, como sus parientes Antonio Esquivel, pintor, y el político Jesús Pabón, cuyos segundos apellidos coinciden con el 2º de mi madre,Suárez de Urbina.

La tradición oral de mi rama materna se apoya en escritos depositados en la Biblioteca Nacional de España. Todo ello alimentó la novela de mi hermano. Así que lo que voy a narrar es verídico, extraído de “La verdad de mi abuela”, de José Bolívar Galiano, 2000:
“…Rodrigo era un militar al que Carlos VII, concedió el título honorífico de Conde de Guernica, por ser su cronista en las guerras contra los liberales isabelinos.
Resulta que el Conde de Guernica y la condesa doña Emilia Pardo Bazán se conocían por su afición a la escritura. Una tarde,en Madrid, esta pareja coincidió comprando libros rancios en un tenderete de San Jerónimo. Se tomaron un café en una horchatería, y, a la vuelta, un petimetre miró con detenimiento a la Pardo Bazán y dijo:
- ¡Vaya carnicería!
La reacción de Rodrigo, que la llevaba del brazo, fue inmediata: un guantazo furibundo y la nariz del ofensor sangrando a caños. El guante fue recogido y el duelo emplazado, con padrinos, médico y a muerte.

Al día siguiente, de camino en el carruaje, uno de sus padrinos intentaba disuadir a mi noble antepasado:
-Rodrigo, no seas loco, tu rival es un sicario que han contratado los liberales para provocarte. Además, la Pardo Bazán pasea con donaire sus carnes y no le importa que la ofendan porque ya está acostumbrada…
- Me da igual, no consiento que insulten a la gorda en mi presencia –dijo el conde de Guernica atusando su bigote.

Como consecuencia de las guerras carlistas, el brazo de Rodrigo estaba algo anquilosado, y los padrinos temían por su vida. Debatieron, que si a muerte, que si a primera sangre… refiriendo el vigente código de honor del marqués de Cabriñana, que asignaba el fin mortal en los duelos por el honor de las féminas.
El adversario liberal, desnudo ya de cintura para arriba, esgrimió:
- Comprendo que mi oponente haya considerado no morir por tan gruesa señora…
-¡Que sea a muerte!- gritó mi tío tatarabuelo.

Y comenzaron los sablazos.
Al poco, un grito de dolor pronunció Rodrigo. Un corte profundo y oblicuo en la mejilla izquierda le hacía sangrar. Pero la pelea continuaba a muerte.
En esto, sonó un disparo. Era el marido de doña Emilia que, avisado, se aproximó a los duelistas.
- ¡Señores: cese la pelea o el próximo disparo será para alguno de ustedes!
La condesa de Pardo Bazán también se acercó hasta el ofensor, diciéndole:
- No sé si su intención era ofenderme, pero llamarme carnicería lo tomé como un requiebro. Un piropo barriobajero, pero a fin de cuentas un piropo. Soy como las tres gracias de Rubens, como las tres juntas…”

Tal vez por ese desagravio cruento, esta prolífica escritora estrechó aún más los lazos con los Suárez de Urbina, hasta el punto de que prologó alguna obra a la familia. Y quién sabe qué mas...
Hoy ha caído en mis manos un artículo del doctor P. Gargantilla (Noticias Médicas, nº 3928), en el que habla de la ceguera de Galdós. Y dice que doña Emilia y su contemporáneo, el solterón don Benito Pérez Galdós fueron amantes hasta que este se quedó ciego de cataratas.
Cuesta entender qué atractivo encontraría don Benito en la gallega, que era robusta y estrábica, dice el Dr. P. Gargantilla, quien pone en boca de la condesa las siguientes cariñosas palabras hacia Galdós:
“Pánfilo de mi corazón: rabio por echarte encima la vista y los brazos y el cuerpote todo. Te aplastaré. Después, hablaremos tan dulcemente de literatura y de Academia y de tonterías.¡pero antes te morderé un carrillito!”
Lo traigo a colación porque quiero hacer notar lo que la dama dijo a Galdós: “te morderé un carrillito”.
¿Un carrillito…? ¡Pero si eso fue el cacho de carne que le costó a mi tío tatarabuelo Rodrigo el defenderla! ¿Lo diría porque se lo habría comido a él también y luego nos contaron que sucedió en un duelo?
Me temo que no. Esta anécdota fue verídica. El sable de un deslenguado que insultó a tamaña escritora desfiguró la cara de mi vehemente antepasado. Quizá, por eso en mi familia, no se suele leer a Galdós; aunque nos gustan las personas gorditas y que nos muerdan suavemente los mofletes. Eso sí: si hay que batirse, se bate uno. Pero que sea de fresas con nata, por favor.

09 noviembre 2008

Buscando a Lorca

Durante dieciséis años trabajé como pediatra en Fuente Vaqueros y Valderrubio, pertenecientes a los Centros de Salud de Santa Fe y Pinos Puente, donde estuve destinado entre 1991 y 2006. Pueblos, como es sabido, de la cuna e infancia del Poeta Federico García Lorca. De haber nacido un siglo después, creo que me hubiese tocado recomendarle las vacunas que inmunizan contra el sarampión, la tos ferina y el rencor común. Pero esta última, que atacó de forma epidémica a toda su generación, aún se está investigando.
Hoy, que tanto se habla de exhumar su fosa, las musas me han inspirado estos versos. Con buen rollo, metro octosílabo y rima asonante. Va por él y por todos, con el máximo respeto a su familia y amigos.
I
Por los barrancos de Víznar
entre pinares y abetos
¿lloran las palas y picos
por desenterrar sus huesos?

¿Quién empuñará la azada?
¿Quién removerá el terreno
entre miradas de jueces,
curiosos y reporteros,
buscando a aquel granadino
nacido en Fuente Vaqueros?
¿Habrá mujeres piadosas
con ramos de crisantemos
de luto esparciendo lágrimas
conforme aparezcan restos…?

¿Revivirán que su sangre
regó los montes abiertos…?
(Sangre confluye río abajo;
dos bandos: mismo venero.)
Toda España es camposanto
y fue de la envidia objeto
en la guerra fratricida
que costó un millón de muertos.
II
¿Qué sentido quiere darse
a recuperar sus huesos?
¿Es que a nadie le preocupa,
en verdad, todos sus restos…?
Hablo pensando en materia
con el debido respeto:
El destino de sus carnes,
de su piel, de sus cabellos…
¿Podéis capturar la nube
que condensó sus anhelos,
el agua de sus sudores
y el vaho de su último aliento…?
¿Quién acopiará la tierra
que filtró bajo su cuerpo
toda la nieve caída
que rezumaron sus versos?
¿Quién amasará la arena
que desgastó su esqueleto
mezclándose con el calcio
y los demás elementos…?

"Verde que te quiere verde":
él fue abono y fue sustento
de la raíz del tomillo,
de la menta y del romero;
la mejorana, el ciprés,
los arrayanes, almendros…
¿Lloran las palas y picos
por desenterrar sus huesos?

III
Gente para sí prefiere,
en su destino postrero,
los más diversos finales
cuando ocurra su deceso:
“que se esparzan mis cenizas
por el ancho firmamento”,
“que me extraigan todo órgano
que le sirva a los enfermos;”
o “que se done a la ciencia
para hacer experimentos…”

¿A qué viene la encomienda
de recolectar los huesos
del poeta Federico…?
Dejadlo en paz en su lecho.

Mira que desenterrando
también aflora el acero
de aquellas malditas balas
del vil ametrallamiento.
Y cuando se abre una fosa
siempre resulta algún hueco
que no debiera ocuparse
con nuevos rencores viejos.
IV
Si Federico opinase,
si hubiese sido mi abuelo,
tal vez habría deseado
permanecer allí, quedo,
entre Víznar y Alfacar
donde cantan los jilgueros.
Junto a un maestro, al poeta,
y a un par de banderilleros,
muchos más que desconozco
y que comparten el suelo
como el honor y la honra
y nuestro máximo afecto.

Federico, exactamente,
se sabe que no está muerto,
salvo en la turbia memoria
plena de remordimientos.
¡Que Federico está vivo
que ya lo ha clamado el pueblo!

Lorca, el hombre, allá reposa,
mas su legado es eterno,
porque disfruta la gloria
reservada a los egregios.
Y así lo dice La Biblia,
y lo señaló El Maestro:
“Los muertos dejad que sean
quienes se entierren entre ellos.”


V
¿Que es por darle un homenaje
que lo demanda su pueblo…?

Yo comprendí en Valderrubio,
Zujaira y Fuente Vaqueros,
(junto a su casa natal
donde el consultorio médico)
que un poeta en Nueva York
vivió para el universo:
Si tomo avión de viaje,
su nombre es el Aeropuerto.
Si asisto a reunión o fiesta,
es Palacio de Congresos.
Si camino entre rosales,
él es un Parque y Paseo.
¿…Para qué indagar sus partes
si Lorca –total- es nuestro?

Busca encima del Veleta
la canción que sopla el viento,
que calienta las ciudades
y seca los cementerios,
y se restaña la herida
y se sosiega el recuerdo.
Lorca y la Paz nos inspiran:
por eso escribo estos versos.

¿Lloran las palas y picos
por desenterrar sus huesos?
¡Que Federico está vivo,
no busquéis entre los muertos!

05 octubre 2008

Sierra Nevada y el padre Ferrer

El diario Ideal de Granada lanza hoy mismo un coleccionable sobre Sierra Nevada, basado en las experiencias del montañero y sacerdote jesuita Padre Manuel Ferrer.
Fotos de Marzo de 2004, en excursión a la Loma del Tío Papeles, Güejar Sierra, frente a la Cara norte de Sierra Nevada.


Aquí, dice don Manuel, que solía traer al rey Balduino de Bélgica. Y ambos se extasiaban contemplando la majestuosidad serena de Sierra Nevada.





Sin duda una obra apasionante que muchos de nosotros hemos tenido el privilegio de conocer, un poco, a su lado.


Fotos: VB y FG. Una inolvidable jornada de la mano de un pionero senderista del Sistema Penibético andaluz.

21 agosto 2008

Ascenso al Mulhacen



Excursion al Mulhacen, desde los albergues universitarios (2250 metros). Sendero del Veleta hacia la Laguna de la Caldera. Noche en el refugio Vivac de la Caldera (3,080 mts, donde pernoctamos, tras ascender al pico Mulhacen (3.480 m) por la tarde, con unos montañeros malagueños. Al amanecer, vuelta hacia Pradollano.



















 

 

 

 
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18 agosto 2008

El gorrioncillo

Ahí estaba el gorrioncillo a la hora del desayuno.Se había caído desde el alero. Un gorrión novato, jovencillo, un polluelo de pocas semanas.
Su madre gorriona desde arriba lo llamaba. Eres un gorrión muy tonto. Te dije que aún no estás preparado. Pero al gorrioncillo le gustaba jugar con las bicicletas, esconderse tras las macetas. Espiaba la risa de los niños y el agua de la regadera. Se creería un trapecista en las llantas de la bici.Nos hicimos amigos. Le di pan de molde mojado en leche semidesnatada sin lactosa. Es lo que hay. Pero no tenía mucho apetito.Finalmente, lo lanzamos al tejado. La madre se asomó y nos lo agradeció piando una de Pavarotti.
Ahora, cada vez que saco la bici, un gorrión me acompaña por los cañaverales de la playa y me avisa cuando vienen otros vehículos en contra por el sendero angosto. Bebemos agua del arroyo. Palabra de gorrión sobrevolando donde nacen las ideas.

07 agosto 2008

Tarragona

Tres días tan divertidos como calurosos en Tarragona. El casco histórico nos sitúa en el siglo II AC. Pero vamos de veraneo, así que un día de parque temático y otro de playa son obligados.


Cambrils es un bonito pueblo pesquero con playas cálidas de las que un caldo salado no te pasa de la cintura, a cincuenta metro de una línea de sombrillas de veraneantes. Port Aventura es un mundo de sensaciones que se disfruta hasta el final, con el espectáculo en el lago de luz, y sonido, agua y fuego

La arena catalana es rubia como el oro. Por eso la llaman Costa Dorada.

05 agosto 2008

Los maestros siempre perduran

Desde que falleció mi abuela María luisa –que también fue maestra- hace un par de meses, se me han ido tres maestros esenciales en mi formación humana y profesional. Uno me enseñó en el colegio; otro en la profesión pediátrica; y el tercero en el camino de la Fe.
José, Paco y Pedro ya no están entre nosotros.
Del reverendo don Pedro Manjón, la más reciente pérdida, os remito al retrato de este excepcional párroco que hace Alberto Bueno en su cuaderno. Precisamente, unos días después de perder a mi abuela en mayo, él presidió la primera comunión de mi sobrina María, dando muestras de querer sobreponerse a una enfermedad que no le ha perdonado a él que, como Cristo, era el perdón andante.
Cuando un maestro se va, sus palabras se presentizan en la mente del discípulo, recobran un significado más vívido. Con su marcha se produce, entonces, el auténtico relevo en la transmisión del saber.
Don José Chinchilla, fallecido en mayo, fue un magnífico profesor de matemáticas; mío y de media Granada, durante los últimos cursos del bachiller y COU. Si fuese por las notas que me concedió, no crean que me saldría un gran panegírico. Pero lo que importa es el método, la manera de infundir el conocimiento, la dedicación mostrada, el cariño vertido sobre el alumno y ahí el profesor Chinchilla fue extraordinario. Sus exposiciones en la pizarra resultaban muy didácticas, magistrales (y no me excusaré con mi defecto miope, por entonces aún sin corregir, que me nublaba los guarismos lejanos). También las anotaciones que te escribía con bolígrafo rojo, y te devolvía cada lunes en los exámenes denotaban su enorme vocación docente. “Bien, sigue así, tienes que mejorar en esto…” Recuerdo una vez que don José me sacó al encerado. Yo era, a la sazón, delegado de curso y me preguntó qué carrera quería estudiar. Le contesté una que, por lo visto, no fue de su agrado. “Esa es la que estudian los rebotados de otras carreras. Haz mejor Medicina”. Tal vez fuese porque un hijo suyo la estaba estudiando, no sé. Le estoy muy agradecido, porque su consejo influyó bastante en mí. Insigne profesor mil veces venerado.

Mi orfandad docente se acrecienta tras el accidente que el pasado siete de julio sufrió el pediatra D. Francisco Romá Juan. A Paco siempre conseguía arrancarle una sonrisa cuando nos encontrábamos por los pasillos del Hospital Maternal, y me cuadraba ante él con aire marcial, dando un taconazo de zuecos blancos; no en vano, él había sido teniente de verdad y yo tenía reciente la mili como cabo sanitario. Entre cunas y aromas de Nenuco, el doctor Romá marcaba un ritmo vigoroso de reconocimientos neonatales. La prueba del Ortolani, los pulsos femorales, las fontanelas… “Hay que evitar que llore la madre y, también que llore el pediatra. Informad a las madres sin paternalismos.”
Mi teniente Romá se nos ha ido. Buen hijo, encontró la muerte mientras viajaba hacia Alicante para ver a su anciana madre. (Hoy tal vez haya circulado yo por ese fatídico lugar camino de Tarragona con mi familia.) Él, qué lástima, no llevaba ni seis meses jubilado. Paco, amigo y maestro, padre de tantos médicos residentes. Si bien no engendró hijos, mantuvo anclados a este mundo a cientos de recién nacidos mientras sus alas angelicales revoloteaban inquietas como cometas al viento peligroso de las sepsis y los choques. Y ahí estaba Paco, a pie de incubadora, sujetando fuertemente con su ciencia los faldones y las pleuras de esos angelillos alicortados, junto al jefe Robles, Cañizares, Moltó, Gallego, y su querida esposa Maria Dolores, (la niña guapa, la esposa, la sabia doctora de la Paz y del amor,) y como también Manolo Samaniego (al final te empeñaste en irte, querido amigo), el que más animadamente informaba cada mañana tras las guardias. ¡Cuántos recién nacidos anclasteis al firme rocoso de este ingrato mundo! ¡Cuántas campanas dejaron de repicar a gloria por vuestra santa culpa, maestros neonatólogos…!
Ahora Paco junto a Manolo pasan revista en las salas celestiales (¿ya no hay limbo?) sin haberse despojado de sus níveos pijamas y sus batas impolutas. Ambos, entre nubes blancas y esponjosas, recetan jarabes de limón y leche merengada a unos cuantos nenes que, como ellos, se licenciaron aquí abajo. Bebés del escaso medio kilo; prematuros, sin cocer, en los vientres horneados de unas madres a las que supisteis dar explicación, ánimo y consuelo.
Descansad, pues, en paz, señores del saber. Vuestro es el honor, el mérito y la gloria.
Querido Paco: si por ventura vieses a mis otros maestros don Pedro y don José, y al gran Pepe Rueda, inolvidable, decidles que esto no es lo mismo sin ellos, sin todos vosotros. Mucha, muchísima gente - Paco, Manolo, José y Pedro - ha podido gozar la vida gracias a vuestra fructífera existencia. La misma gente que reza para que ahora disfrutéis además con las anécdotas que un genial cantamañanas, (tú así apodaste cariñosamente a Manuel Samaniego) lleva ya varios meses contándole a San Pedro.

Foto del paseo de Tarragona, lunes 4 de agosto. Alguno de esos jóvenes de carne y hueso fueron examinados, recién nacidos, por los pediatras Paco y Manolo, y bendecidos por don Pedro Manjón, igualmente han sentido mi admiración por el profesor don José Chinchilla. Al fondo, esa piña humana de jóvenes broncíneos sirva como ofrenda del ser humano en crecimiento que siempre constituyó el eje de vuestras vidas.
Tarragona, 5 de agosto de 2008.